Hallan restos de animales sacrificados y un ajuar para banquetes en El Turuñuelo

• Son los restos de un costoso ritual celebrado justo antes de la destrucción y abandono del templo. Según han informado los investigadores del CSIC, se trata de una joya arqueológica por sus «novedosas» técnicas arquitectónicas y por su estado de conservación.

29.06.2017 > 8:46 hrs

Un equipo de investigadores del Instituto de Arqueología-Mérida, del CSIC, ha hallado junto a la escalinata del templo, los restos de 16 caballos, dos toros y un cerdo, que fueron sacrificados en un costoso ritual de clausura antes de la destrucción final del santuario.

“El sacrificio consistió en una gran ofrenda a los dioses antes de abandonar definitivamente el lugar”, explica Sebastián Celestino, director de la excavación junto a la investigadora Esther Rodríguez, y el director del Instituto de Arqueología-Mérida. “Da idea de la enorme riqueza del sitio, pues el caballo era un elemento de prestigio. Además de los numerosos animales sacrificados han aparecido ánforas y cestos con cereales y otros elementos de gran valor, lo que da una idea de la importancia de ese sacrificio final, previo a la destrucción del monumento y su posterior amortización”, comenta.

Celestino destaca que “quizá lo más llamativo sea la existencia de un ajuar completo para la celebración de un banquete de comensalidad en la habitación sur. Se trata de un conjunto de muy buena calidad entre los que destaca un enorme caldero, dos jarros, una parrilla, varios pinchos para la carne, un quemaperfumes y coladores, todos realizados en bronce. También destaca la gran cantidad de platos y vasos pintados con bandas rojas y las copas de imitación griega. En el entorno de la habitación se hallaron muchos huesos y conchas resultado del festín final”, según señala el CSIC.

El ritual final contribuyó a la buena conservación del templo. “El santuario fue incendiado una vez realizados los rituales de clausura. El propio incendio solidificó las paredes de adobe, mientras que el rápido echado de tierra para sepultar el edificio propició la conservación de los materiales metálicos. Además, la potente anchura de los muros de adobe, de hasta tres metros en algunos sitios, ha contribuido a su excelente estado de conservación”.

Hasta ahora los investigadores solo han excavado un 10 por ciento de la superficie total del túmulo, aunque teniendo en cuenta que se conservan las dos plantas del edificio se debe rebajar “sensiblemente” esta cifra.* Los investigadores subrayan que la aportación de la Diputación de Badajoz permite trabajar un par de meses al año, pero eso significa seis o siete meses de análisis y estudio antes de abordar una nueva campaña. Con ese ritmo, estiman que se podrá ver todo el edificio exento en aproximadamente una década.

El santuario destaca por sus novedosas técnicas constructivas. “Lo más sorprendente es la utilización de un mortero de cal, arena y arcilla para confeccionar los sillares cuadrangulares con los que construyeron buena parte de la escalinata que da acceso al monumento; con ese mismo mortero realizaron también la “bañera”. La utilización de esta técnica constructiva ha sorprendido por cuanto era desconocida en la península hasta la llegada de los romanos”, explica el investigador.

“Estos grandes edificios se organizaban junto al Guadiana y tenían una intensa relación comercial entre ellos; conocemos ya un poblado en altura rodeado de una potente muralla que haría de lugar central desde donde se organizaría el comercio hacia el
exterior a través del río”, añade Celestino.

Este santuario ofrece una riqueza arquitectónica y material desconocida hasta el momento en esta fase final de Tarteso, llamando la atención los rituales que se llevaron a cabo, hasta ahora también inéditos y de gran complejidad donde sobresale el sacrificio o hecatombe producida en el patio principal del monumento previo a su destrucción”.

El Turuñuelo se ha convertido en el mejor exponente para entender los últimos años de la cultura tartésica. Aunque aún es pronto para saber qué papel jugaba el santuario dentro de esta cultura, es probable que hubiese sido un lugar de peregrinación, puesto que “los santuarios en la antigüedad tenían como función principal el intercambio comercial, pero también era el lugar donde se celebraban rituales de cohesión social a través de la veneración a los dioses”.