El Congreso ha acogido este jueves el acto de proclamación del nuevo jefe del Estado español. Un acto solemne, protocolario, al que la princesa Leonor y su hermana, la infanta Sofía, le han puesto ciertas dosis de espontaneidad. Son niñas preparadas y formadas para este tipo de acontecimientos, pero niñas de ocho y siete años al fin y al cabo, y eso les da una naturalidad que los adultos pierden. Ellas han dado color a una ceremonia con muchos formalismos, importantes ausencias y algunas caras largas, aunque también con alguna sorpresa en la tribuna de invitados y gestos de cariño entre los nuevos reyes.

Don Felipe y doña Letizia han hecho su aparición en la tarima presidencial sobre las 10.30 agarrados de la mano, él vestido con el uniforme de gran etiqueta del Ejército de Tierra y ella completamente de blanco. Junto a ellos llegaban sus hijas, las dos con el mismo vestido, el de Leonor en rosa y el de Sofía en azul, ambos en tonos pastel. Pronto la princesa de Asturias descubría a gente conocida entre los asistentes. Arriba, en la tribuna presidencial, estaban sus abuelos maternos, a los que no ha podido evitar saludar con la mano y esbozando una amplia sonrisa.

Después ha llegado el momento de las palabras del presidente de la Cámara baja, Jesús Posada, del juramento de la Constitución por parte de don Felipe y de su primer discurso como monarca. El nuevo jefe del Estado ha buscado el apoyo de su esposa en varias ocasiones, acercándose a darle un beso primero y cogiéndole las manos entre las suyas después, nada más acabar la intervención. Una intervención en la que se le ha entrecortado la voz al hablar de su padre y que ha provocado las risas de sus hijas y un aplauso para ellas cuando las ha mencionado y se ha girado para mirarlas.

La reina Letizia ha estado pendiente durante todo el acto del adecuado comportamiento de sus hijas, a las que con gesto cariñoso pero mirada severa ha tenido que instar a que dejaran de hablar entre ellas. La infanta Sofía parecía más inquieta que su hermana. Balanceando las piernas, ha mirado varias veces a su madre reclamando su atención y miraba constantemente hacia arriba, tal vez buscando caras conocidas.

Froilán, el único sobrino

Allí, en la tribuna presidencial, además de los Ortiz Rocasolano, estaban su abuela Sofía, su tía Elena y su primo Felipe Juan Froilán, el único sobrino del nuevo rey que ha estado presente en este evento. Se sabía que no asistirían los hijos de doña Cristina e Iñaki Urdangarin, dado que tampoco el matrimonio iba a acudir, pero se ha echado en falta a la otra hija de la infanta Elena. Victoria Federica, de 14 años, estudia en el colegio Mayfield St. Leonard’s, en Inglaterra.

La ubicación de su hermano Froilán ha dejado una curiosa imagen: a su lado, en el escaño contiguo, se encontraba el jugador de Los Angeles Lakers Pau Gasol. Él y el torero Antonio Padilla han sido los únicos invitados no institucionales en un hemiciclo repleto de ministros, diputados y senadores, presidentes autonómicos, líderes políticos y miembros del Ejército y la Iglesia. Un arco parlamentario más colorido de lo habitual, aportado por los vestidos y trajes de las invitadas: rojos, blancos, amarillos, morados, azules,…

Entre los presidentes autonómicos han destacado el de Cataluña, Artur Más, de CiU, y el del País Vasco, Iñigo Urkullu, del PNV, por sus ‘caras largas’ y su poca intención de sumarse a las numerosas veces que la Cámara ha ovacionado a los reyes. Ambos, que cuando han aplaudido lo han hecho tímidamente, ya habían hablado de que asistirían que lo hacían por “responsabilidad institucional”. Tal y como lo habían anunciado, los representantes de los grupos parlamentarios que piden un referéndum no han estado presentes.

Siguiendo el horario previsto, algo antes de las 11.30 los reyes han abandonado el hemicicloy este se ha ido vaciando poco a poco. Muchos no han salido sin antes hacerse una foto ante el escenario que minutos antes había acogido un hecho histórico.

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