JOSÉ LUIS GUERRA

Los jóvenes extremeños tienden a irse a zonas más desarrolladas de España o incluso a otros países donde puedan encontrar un futuro mejor que el que la región les depara. Ella también optó por marcharse fuera, pero allá donde más necesidad y pobreza hay: el Amazonas brasileño

Antonia López González (Guareña, 1967), médico de profesión y solidaria por vocación, lleva 20 años en Brasil. Trabaja en la región del río Purús, en el Amazonas, «a siete días de barco de Manaos (las distancias se miden por días de barco)», asegura. Ahora está ofreciendo conferencias en Madrid, Italia e Inglaterra, pero ha aprovechado el viaje para visitar a su familia y amigos extremeños.

Tony, como la conocen todos, es especialista en enfermedades tropicales, y su vocación es poder servir a las 200 comunidades que existen en aquella amplia comarca brasileña, repartidas entre zonas urbanas y rurales.

También hay otra diferencia importante con los jóvenes que emigran. Ella no disfruta de piso. Su vida transcurre en un barco-hospital, en el que durante seis meses recorren todas estas comunidades.

COMITE IPIRANGA

La financiación del proyecto corre a cargo de la oenegé de la que es presidenta-fundadora: la Asociación Comité Ipiranga, que recibe ayudas de instituciones públicas y privadas americanas y europeas. No obstante, «los salarios de las 342 personas que trabajan con nosotros los paga el gobierno local. Brasil tiene municipalizada la sanidad y por eso los recursos son escasos, porque son comunidades pobres, que viven casi exclusivamente del trueque», indica Tony López.

Aunque ella es especialista en medicina tropical, tiene que atender todo tipo de patologías; una experiencia que le permite a ella y sus compañeros (es la única española en la zona) «ofrecer conocimientos, sobre todo en Europa, gracias al trabajo de campo que realizamos en Brasil. A Europa está llegando una enfermedad que se llama ‘chaga’, sobre la que allí hemos actuado porque tratamos con ella a diario. También atendemos casos de malaria o lismania». Incluso hay médicos que acuden a conocer a este grupo a la zona de Purús «para ver cómo abordamos nosotros la cura de esas enfermedades y poder luego aplicarlas aquí».

Aunque ella es políglota, generalmente habla en portugués para entenderse con la población local, «aunque tenemos cinco lenguas indígenas que hemos tenido que aprender».

«Cuando yo llegué allí -relata la médico extremeña– se pensaba que todo lo que ocurría en el Amazonas (las patologías) era maldito. Durante los diez primeros años hubo que trabajar mucho a nivel pedagógico para entender que no eran malditos respecto a otros. Había comunidades enteras padeciendo la enfermedad de Hanseníase; con mutilados por todos sitios. Y había que intentar llegar a la población en la lengua que para ellos fuera comprensible. De ahí que hayamos tenido que aprender todos esos dialectos».

COOPERACIÓN

Pero ella es positivista por naturaleza y asegura que la comunicación «nunca fue un problema. Nuestro trabajo nos exige ser cada día más profesionales. Las herramientas fundamentales son el estudio. Trabajar en cooperación internacional te obliga a dar el cien por cien; a ser incluso más profesional, porque tienes que enfrentarte a enfermedades con las que no contabas; a aplicar tratamientos limitados (tenemos una cartilla con 30 fórmulas químicas y solo puedes trabajar sobre eso)».

Reconoce que la vida en aquella zona tropical no es fácil. «Allí la temperatura no se baja de 45 grados y hay una humedad que supera el 90%. Pero después de tantos años te llegas a acostumbrar», indica Tony.

También recuerda que allí no hay escuelas regladas para aprender sobre temas sanitarios. «Son poblaciones que viven en áreas a siete días de barco de la escuela. Por eso se iban al hospital de Manaos, con el que tenemos un convenio, a ver por el microscopio cómo es el mosquito anófeles. Ahora trabajan conmigo los hijos de mis primeros compañeros, ya formados en la Universidad, con bolsas de estudio que Ipiranga ha conseguido a lo largo de estos años», destaca orgullosa de la labor solidaria que realizan en esta amplia comarca amazónica.

EL FUTURO

Cuando se le pregunta qué hace una chica como ella en un sitio como ese, Tony arguye que «nuestro trabajo allí es suficientemente apasionante y atrayente, y cada año hemos ido salvado fases. Ahora estamos trabajando en crear un gran laboratorio de investigación de enfermedades tropicales en un lugar donde estas patologías están siendo virulentas. Estudiarlas allí te ofrece datos más clarificadores que hacerlo en Europa. A mí personalmente trabajar allí me ha dado mucho caudal. Estoy convencida de que esto merece la pena y por eso voy a seguir».

Aunque no le gusta hablar de sí misma, cuando se le inquiere sobre las enfermedades que ha sufrido en aquella zona, se limita a argumentar que «los bomberos se queman. Yo vivo allí y mis condiciones son las mismas que las del resto. Alguna vez he tenido padecimientos, pero nada importante como para haber sido un problema».

A la hora de abordar la necesidad de recibir ayuda externa para seguir adelante con este apasionante proyecto, la doctora destaca el altruismo extremeño. «Hemos recibido ayudas de Extremadura gracias a los socios que tenemos aquí; en algunos momentos también algunas instituciones extremeñas; y sobre

todo la Gala de los San Pancracios, que colabora con nosotros, y que ha permitido consolidar algunas estructuras. Solo damos las gracias por toda esa solidaridad; no entendemos que siempre tengamos que ser resarcidos». En cuanto a los grandes organismos internacionales, señala que estos reconocen su trabajo, «pero entendemos que podrían involucrarse mucho más».

PERSONA SOLIDARIA

¿Qué es para ti la solidaridad?, le preguntamos. Y sin pensárselo afirma: «Es un concepto que nos ayuda a salir un poco de cada uno de nosotros. Y es especialmente necesario en estos momentos de crisis mundial. La solidaridad es el concepto de abrir las ventanas de cada una de nuestras casas. Es la capacidad en un momento determinado que nos obliga a decir esto hay que hacerlo de otra manera. Cuando te enfrentas a un reto como el mío, en el que atiendes una consulta de 300 personas diarias, que vienen de coptos muy diferentes, no hay planteamientos ni personales, ni políticos ni incluso de conciencia; hay algo que te obliga a moverte».

El país en el que ha decidido vivir, Brasil, señala que es una economía emergente y se puede considerar «rico», aunque apostilla que la población, de 200 millones de habitantes, cuenta con «desequilibrios importante. Pero eso el gobierno de allí no lo tiene en consideración».

Una voluntaria como ella reclama más campañas para atraer gente hacia las oenegés. «Voluntario puede ser una forma de aprender a relacionarse de una manera personal, profesional; ser rentable en ese tiempo ocioso. Pero siempre desde el respeto. La cierto es que la gente se mueve ante las grandes catástrofes, pero habría que ser sensible o voluntario continuamente, aunque es un ejercicio difícil de mantener. Hay que dar permanentemente en esa carretera de la solidaridad y del compromiso y serlo tanto en el Purús como en Cáceres», ratifica Tony López.

DESEQUILIBRIOS

De cara al futuro, y ante un Brasil que organizará el Mundial de Fútbol y los JJOO, se espera que el país movilice muchos recursos, «pero nosotros estamos al norte y esa zona es más pobre. El sur debe ser más solidario con el norte, porque sino no les vale el discurso que defiende de que Europa sea solidarios con ellos. Los grandes eventos deportivos y la llegada del Papa en el 2013 están haciendo que se hagan grandes infraestructuras. Y los gobiernos del norte del país están pidiendo que esas infraestructuras puedan hacerse también en su zona, no solo donde se van a producir estos eventos. Habría que hacer una política de solidaridad con las zonas del norte».

Finalmente, cuestionada por lo que añora allí en la lejanía brasileña, Tony afirma rotunda: «mi tierra y mi familia. Una cosa es el grado de identificación con lo que estás haciendo y otro tus afectos. Amo profundamente a Extremadura. En nuestro barco-hospital hay póster de muchas zonas de la región; hay libros en nuestra pequeña biblioteca de autores extremeños. Añoro a Extremadura todos los días».

Y compensar esa añoranza pasa por los pocos días al año que puede venir a España, porque aunque estamos en un mundo tecnológicamente avanzado, «allí no tenemos acceso a internet con facilidad salvo algunos meses al año; no tenemos luz eléctrica, solo grupos electrógenos. Eso es todavía un hándicap. No podemos utilizar ni teléfonos móviles».

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